México

 

                                     

                    Artículos:   Lili  Conde                          

            Mirador Sureño

 

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Amigos y amigas:

El huracán Isidoro hizo grandes estragos en Yucatán y parte de Quintana Roo. Los equipistas de Dzidzantún,  asesorados por el padre Helio, hicieron una carta abierta que deseamos compartir con ustedes. Hemos sufrido los destrozos de ese fenómeno natural, no sabemos cuándo se recuperarán las comunidades yucatecas y algunas quintanarroenses, pedimos y esperamos de Jesús maestro fortaleza y paciencia. Con amor Lilí Conde.

“Se venció el miedo, se Abrieron los ojos... pero nosotros los maestros no tuvimos protagonismo, no tuvimos valentía de estar allá... pocos estuvieron presentes. Estábamos con temor y nos sentimos deshonrados por nuestros conflictos propios...”  Dijeron algunos.  

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CARTA ABIERTA

A todos los docentes de la región afectada por el huracán “Isidoro”: 

Hermano maestro, la historia reciente del pueblo yucateco quedó marcada antes y después del huracán Isidoro.

Ese “antes”, propio de sociedades identificadas con el hedonismo (todo está permitido) en las que en busca de la “felicidad” se hunden en el placer a costa de lo que sea, el consumismo desmedido, el valor de la gente por lo que tiene, según lo señalan los medios, y más conductas neoliberales, de un pueblo enfermo de vacío.

 En este placer efímero, probablemente estuvimos inmersos y tal vez no nos dimos cuenta de las verdaderas necesidades de nuestros alumnos, de sus carencias, de su falta de afecto...

A lo mejor estuvimos tan cerca físicamente de ellos y hoy nos sentimos tan lejos...

Pero ahora es cuando debemos reflexionar, maestro, cual fue nuestra actitud “antes de Isidoro”: ¿estará implícito en la digna tarea de educar? ¿Cumplimos con fomentar los valores de dignidad y responsabilidad de los que debemos ser promotores? ¿o es que reprodujimos en nuestros alumnos los ejemplos de esa sociedad enferma en busca de satisfacciones egoístas?

Sólo a ti te toca juzgar la que fuera tu actitud cuando... el 22 de septiembre “Isidoro” arremetió con su fuerza desmedida en nuestros hogares, en nuestro pueblo, en los hogares de nuestros alumnos... pero, ¿pensaste en ellos? ¿Te preocupaste de que tuvieran un techo seguro, un rincón, por lo menos, donde guarecerse?... Ya sé que tus preocupaciones eran muchas, comprendo que también tienes familia, que la necesidad de proveer a éstos del sustento posterior a Isidoro ocupaba tus pensamientos. Sé muy bien que pensabas en el combustible para tu coche porque iba a escasear, en la falta de energía eléctrica que tan importante es para ver la televisión, conservar tus víveres en el refrigerador, calentar la comida en el microondas... y tantas cosas más, igual de superfluas cuando tantas familias que padecieron frío, se quedaron sin ropa que vestir, sin nada qué comer, sin techo, sin casa, sin nada...

Que perdieron todo, hasta la esperanza. Pero aún en sus caras de impotencia, de desesperación, encontraron una mano que les brindó apoyo, les brindó alimento, vestido y casa. Quizá esa mano amiga fuiste tú, maestro... y si todavía no has abierto los ojos y no has vencido el miedo, aún puedes estar presente si ves en cada alumno esa fragilidad humana que te hace recordar los valores éticos de tu formación docente, que eres capaz de sentir la necesidad de la solidaridad y de amor al prójimo. Esa formación que te exige promover la cultura de la prevención de desastres naturales, la promoción de la justicia y la búsqueda de la paz.

En muchos de nuestros alumnos Isidoro todavía está presente, para ellos la tarea apenas comienza... Sí, amigo maestro, sólo basta con levantar la mirada para darnos cuenta de la realidad. Lo que se necesita de ti no cuesta más que hacer de tu trabajo un arte de responsabilidad, de bondad y de amor. Es nuestra labor de educar ser protagónicos; ser capaces de dar testimonio de un gran compromiso ciudadano.

   Ahora te toca construir el “después de Isidoro”...

                                                                    Equipos Docentes Mexicanos A. C. (EDOM)

                                                                               Dzidzantún, Yucatán. Octubre de 2002

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EXCLUSIÓN, ASISTENCIALISMO Y SOLIDARIDAD

Algo de lo que “Isidoro” nos ha ido mostrando...

 

   A mes y medio del paso del huracán Isidoro, quisiera compartirles algunas reflexiones acerca de lo que este fenómeno nos ha ido mostrando. Ciertamente son muchas las cosas que se han dicho sobre Isidoro. En esta reflexión quiero abordar pues, tres temas que me parecen pertinentes, para entender el antes y el después de lo que todos hemos estado viviendo con el paso de Isidoro.

   Exclusión  

   Antes del huracán se decía, en distintos ambientes y niveles, que Yucatán había alcanzado un buen nivel de desarrollo. Se hablaba de un Estado “con una gran capacidad”  para acoger y promover, tanto a los inversionistas y empresarios del extranjero, como a los de otros estados de la República. Es más, se hablaba de Mérida como una ciudad ideal, tranquila y segura para invertir y para vivir.

   De ahí se explica todo aquel proceso en el cual se fueron realizando diversas inversiones entre las principales ciudades del Estado. Como el proceso ha sido salvaje, al estilo de los fuertes huracanes, rápidamente se fue pasando, de las ciudades, a las zonas rurales, a los pueblos y al campo. En el fondo, lo que se hizo, fue implantar la economía de mercado libre por todas partes.

   Por eso antes de Isidoro se afirmaba que Yucatán ya se había incorporado al amplio proceso de globalización neoliberal. Efectivamente, algunas zonas de la Ciudad de Mérida reflejan, hasta el día de hoy, signos evidentes de ese Yucatán Próspero. Es más, creo que Mérida podría ser contada como otra de las ciudades latinoamericanas que han sido afectadas por el huracán del neoliberalismo.

   Y, ciertamente, detrás de toda pretensión, por mostrar al Yucatán Próspero, se ha ocultado, intencionalmente, al Yucatán Olvidado y Excluido. Al Yucatán de la costa y de las zonas rurales (el cono sur del Estado). Este es el Yucatán que ha ido apareciendo después de Isidoro y que, de distintos modos, nos ha impactado y nos está mostrando lo injusto que es el actual modelo económico.

   Asistencialismo

   Al azotar Isidoro, por nuestra Estado, todos nos quedamos asustados, pues nadie se imaginaba los estragos que a su paso iba a dejar. Cuando a través de la radio se transmitía lo que acontecía, realmente uno constataba que estábamos ante un huracán muy peligroso. Claro que la radio sólo se refería a algunas de las cosas que acontecían en Mérida, Progreso, Tizimín y Valladolid.

   Fue, precisamente, después del fenómeno cuando se comenzó a tomar conciencia del verdadero daño que Isidoro había causado, sobre todo, en aquellos sectores más pobres del Estado. Podríamos decir que a partir de ese momento nos dimos cuenta, cabalmente, de la cruda realidad que viven muchos hombres y mujeres, niños y ancianos, que conforman el Yucatán Olvidado y Excluido.

   Pero conforme pasaron los días la ayuda fue llegando y los servicios básicos se fueron restableciendo. Primero en Mérida y después en el interior del Estado. Es cierto que ante una situación de desastre natural y ante emergencia, se impone asistir al prójimo (a los necesitados, a los damnificados). Esto no se discute. Se trata de un deber cívico, ético (humano).

   El problema está cuando se cae de la asistencia al asistencialismo. La experiencia que se ha vivido, con el huracán Isidoro, es clara en este sentido. Gracias a Dios no faltaron muchos gestos desinteresados de ayuda y asistencia hacia las personas más afectadas. Pero también, es un hecho, que aparecieron, de parte de algunos sectores, gestos y actitudes más asistencialistas.

   Me atrevo a decir, ojalá y no me equivoque, que el asistencialismo vino más de parte del Yucatán Próspero que ha pretendido esconder la realidad de los excluidos en el Estado. Es más, el Yucatán Próspero, vinculado al engranaje globalizador del mercado libre, mostró sus clásicas estrategias para “remediar” la pobreza: caridad trasnacional, corrupción, populismo, dependencia, chantaje, pasividad, etc.

   Solidaridad

   Los días siguen transcurriendo. La experiencia del paso del huracán poco a poco va quedando atrás. Parece ser que “todo vuelve a la normalidad”. Para mucha gente pobre, después del reparto del agua y de las despensas, vino el reparto de láminas de cartón para reconstruir los techos de sus casas. Son muy pocas las personas y las instituciones que se han comprometida en esta tarea.

   Como que es mucho más fácil “asistir”, hasta dejarse llevar por el protagonismo asistencialista. De hecho, hubo gente que presumió de la cantidad de ayuda que envió para los damnificados. Hablaban de grandes toneladas de alimentos, agua, láminas, etc. Sin duda la gente afectada recibió todo lo que se les entregaba, hasta hubo competencia para ver quién daba o recibía más.

   La pregunta de fondo, que nos tenemos que hacer, es ¿qué tanto somos capaces de comprometernos en gestos y proyectos solidarios de largo alcance? Además de contribuir en la reconstrucción de las casas, con todo lo que implica respetar el estilo de vivienda de los pueblos mayas, creo que es importante contemplar otros temas relacionados con una auténtica promoción humana.

   Surgen, pues, otras realidades de la vida que deben ser atendidas y asumidas desde proyectos de mayor alcance. Por ejemplo, el cuidado de la salud, la calidad de la educación, la promoción de la cultura, la participación en organizaciones, el trabajo de la tierra y del mar, el cuidado y respeto a la naturaleza, etc. Estas son solamente algunas de las realidades que podrían irse trabajando desde proyectos donde se toma en cuenta a los pueblos afectados.

    El deber de la solidaridad abraza a todos y a todas, sin distinción de raza, credo, partido, clase o ideología. La solidaridad es ante todo un espíritu, un estilo de vida, un modo de relacionarse; es aprender a vivir, sólo con lo necesario, y estar de lado de quienes hoy todavía se sienten damnificados. Y todo, para construir una sociedad más justa y más fraterna. Una sociedad sin excluidos.

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