LA
POBREZA DEL HOMBRE FUERTE
P. Juan
Dumont Ch.
“...
Y ahora yo sé que no me volverán a ver ustedes, entre quienes pasé predicando
el Reino. Por eso, hoy les puedo declarar que no me siento culpable de nada
respecto de ninguno, puesto que nunca dejé de anunciarles plenamente la
Voluntad de Dios...
(Pablo se
despide de los Ancianos de Éfeso – ¡Leer todo! Hech. 20, 19-38)
***
El Vía Crucis de Michel Duclercq una sola persona
debería contarlo, Elena Proüet [1].
Maestra de Inicial en Rouem (Normandía), donde murió Juana de Arco (1431).
Elena llegó a París en 1946 (yo llegué en 1948, pero ya había conocido a los
Equipos Docentes en 1944), para acompañar a los Equipos, que ya tenían cuatro
años de edad. Después se volvió Secretaria de Diálogo y Cooperación[2].
Por fin, secretaria personal de Michel. Cuando, poco a poco el “parkinson”
encerró a Michel como en una cárcel (durante más de dos años él no pudo ni
hablar, ni escribir) ella fue su voz y sus manos. Yo iba cada año del Perú, veía
el progreso del mal y la lucidez, a veces frágil, del hombre fuerte, herido de
muerte... Un día nos hizo saber
que uno de sus ojos no veía más... ¡Era verdad!... Él tenía suficiente
lucidez para ver que perdía la lucidez... ¡Un martirio! Y, cual Job,
interpelaba a Dios...
“Diálogo
y Cooperación” tenía su Secretariado en el cuarto piso de la torre de la
Iglesia del Espíritu Santo, en París; el Padre vivía en su cuarto del piso
sexto, rodeado de notas, de libros y de recuerdos de América Latina. Sentado,
silencioso, a veces con un pañuelo sobre la cabeza, ocultando sus ojos... Una
enfermera israelita, Chantal, iba dos veces al día; un estudiante africano,
musulmán, Sidy, lo cuidaba de noche; pasaba a veces una equipista de Tailandia,
Valai, regalándole un poco de su paz... ¡Así, Michel fue universal, ecuménico
hasta en su enfermedad! Michel, el hombre fuerte, el fundador del Movimiento, el
peregrino habitado por la pasión del magisterio y de su evangelización. El
Pablo moderno, el profeta, el hombre de Iglesia y, al mismo tiempo, cuestionador
en Iglesia. El asesor exigente, invitándonos, “obligándonos” a caminar, a
proponer la Buena Nueva en el mundo de la educación. El constructor de laicos
de pie, comprometidos, competentes... Michel el fuerte... Michel POBRE....
Los últimos meses de su calvario, Julio-Agosto del
1988, los pasé cerca de él. Las últimas semanas Elena se vio obligada a ir a
la India, donde se celebraba (con problemas que ella podía ayudar a solucionar)
el Encuentro Continental de Asia. Michel le “dijo”: “¿Usted me
abandona?”... Me quedé solo con él. Cada día yo le decía: “¿Quiere la
Misa? ¿Quiere escuchar los textos de hoy?”... Contestaba con la cabeza... Una
vez no la movió. Yo insistí. Él se desesperó, se puso nervioso, se levantó
de su silla, me tomó de la mano, me botó y... lloró... Todavía Elena no se
había ido, la llamó con una campana y le “dijo”: “Yo esperaba tanto su
llegada.. y lo boté”... Rápido regresé y le dije que nos queríamos, que su
gesto no lo tomé a lo trágico, pero que éramos pobres los dos para
comprendernos.
Yo me quedé, trabajando cerca de él, rezando,
leyendo los textos del día...Y, él, silencioso... El día de la Transfiguración,
6 de Agosto de 1988, le dije: “¿Quiere escuchar los textos de hoy?”
Daniel 7, 9...; 2 Pedro 1,16...Lucas 9, 28-36... Inclinando la cabeza “dijo”
en silencio: “Sí”... Le dije “USTED SERÁ TRANSFIGURADO”... Inclinó la
cabeza: “Sí”... “Usted ya está transfigurado a través de tantos
maestros de Francia, de América Latina, del mundo que ha puesto en pie.”...
Inclinó la cabeza: “Sí”.
Fue el último diálogo, un diálogo en el Gólgota,
que durante unos minutos se transfiguró en Tabor, un diálogo de LUZ en la
oscuridad.
No recuerdo nada del 7 de Agosto. El 8 le hice
tomar algo de desayuno, un yogurt. Alrededor de las 11 a.m. llegó la
enfermera... Los dejé, pero, rápidamente salió ella del cuarto gritando: “¡Ese
hombre muere!”... Yo, cerca de él, tuve tiempo de decirle: “¡Por fin,
usted va a saber! ¡Usted va a ver!”... Eran las 12 del día...
Poco a poco la cara desfigurada se transfiguró...
Se volvió reveladora de inteligencia, voluntad, belleza, paz... Me hizo acordar
a la del Padre Teilhard de Chardin, otro testigo del Evangelio en el mundo de
HOY, muerto un día de Pascua de Resurrección... “Muerte, ¿dónde está tu
victoria?”... Y, delante de Michel, revestido del alba sacerdotal, durante
horas y horas medité la homilía del entierro.[3]
El entierro se celebró en Abbeville, en una
iglesia todavía medio destruida durante la segunda guerra mundial. Asistieron
algunos de los primeros equipistas de Francia, una parte de la familia, el clero
de su Diócesis (Amiens), descubriendo el profetismo de Michel.
Pero, en Agosto, los franceses están dispersos
disfrutando de sus sagradas vacaciones... Celebramos una Eucaristía en la
Iglesia del Espíritu Santo a fines de Setiembre... Esta Eucaristía se construyó
con una tela de fondo espléndida: el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos, el
capítulo de los caminantes en la fe:
“La muerte los encontró a todos firmes en la fe.
No habían conseguido lo prometido, pero de lejos lo habían visto y contemplado
con gusto, reconociendo que eran extraños y viajeros en la Tierra. Los que así
hablan, hacen ver claramente que van en busca de una Patria... aspiraban a una
patria mejor, es decir la del cielo. Por eso, Dios no se avergüenza de ellos,
ni de llamarse su Dios, pues a ellos les preparó una ciudad”
(11,13-16).
Poco a poco, el altar, la iglesia se llenaron de la
presencia de Michel: su pasaporte, su maletín (lo tengo en Caja de Agua), saris
de India, estatuas de África, la Virgen de Madera de la Casa de los Equipos
Docentes de Francia, que yo había pedido alrededor de 1952 a una artista
habitada por la belleza: ¡“Una María con un Jesús de edad escolar”, me
había recomendado Michel!
¡De
la desfiguración a la Transfiguración!
¡De la muerte surge la Resurrección!
Ahora, nosotros tenemos que reconocer los signos de
los tiempos (Mt. 16, 3), como sabía hacerlo tan bien Michel Duclercq... ¿Quieren
ustedes un ejemplo? Alrededor de 1980, quizá antes, un joven abogado brasileño,
Withaker, lanzaba la utopía de crear un nuevo orden mundial... Michel lo
conoció... y él nos invitó a trabajar por un nuevo orden mundial en educación...
Veinte años después nacieron los Foros Mundiales en Porto Alegre.
Fidelidad no es fijarse en el pasado, ser
defensores de un tesoro bien guardado... Fidelidad es inventar hoy, en la época
de hoy, el futuro, apoyados sobre las riquezas, el subsuelo vivo del pasado...
La fidelidad, durante nuestra época tan nueva, es caminar en el riesgo, juntos,
pasando quizá por el sufrimiento.
Frente
al balance, mañana
“Y
cuando se haga
el
entusiasta recuento
de
nuestro tiempo
por
los que todavía
no
han nacido,
pero
que se anuncian
con
un rostro
más
bondadoso,
saldremos
gananciosos
los
que más hemos sufrido de él.
Y
es que adelantarse
uno
a su tiempo
es
sufrir mucho de él.
Pero es bello
amar al mundo
con
los ojos
de
los que no han nacido
Todavía.
Y
espléndido
saberse
ya un victorioso
cuando
todo en torno a uno
es
tan frío y tan oscuro
Otto
René Castillo
(En
“Todos somos llamados” –
Cuaderno
de Trabajo Nº 3, EDOP)
¿Queremos
ser fieles a las intuiciones de Michel Duclercq y de los primeros equipistas?
Transitemos los caminos de nuestra época: en la educación que se busca para
nuestra época; en la democracia que se inventa en nuestra época; en las
familias necesarias para nuestra época; inventando nuestra vieja-joven Iglesia
para nuestra época; y caminando, construyendo desde ella esa Patria
universal que será don de Dios. (Ap. 21, 1-4).
No
queremos ser conservadores de museos, sino hijas e hijos de profetas... ¡PROFETAS!...
Y en comunidades cristianas de educadores PROFETAS...
“Yo,
por mi parte, estoy llegando al fin y se acerca el momento de mi partida. He
combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado lo que
depositaron en mis manos. Sólo me queda recibir la corona de toda vida santa
con la que me premiará aquél día el Señor, juez justo; y conmigo la recibirán
todos los que anhelaron su venida gloriosa.”
2
Tim. 4, 6-8
***
[1]Murió
en Abril de 1999. Poco antes yo pasé un mes con ella:”Juan, ven a ayudarme a
morir”. Escribió su “Credo” final y recibió en comunidad el Sacramento
de los enfermos.
[2]Lugar
del Secretariado de los Equipos Docentes a nivel mundial, y lugar de acogida.
[3]Ver:
“Ve y dile a mi pueblo”, p. 181